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De vuelta al futuro

Opinión de Roberto R. Roy, que aparecio en la Prensa de Panama, el 22 de noviembre de 2006.
El autor es ingeniero, constructor y miembro de la junta directiva de la ACP (Autoridad del Canal de Panamá)

HAY DEMASIADAS COSAS POSITIVAS EN EL PAÍS.
Casi sin darnos cuenta, estamos a punto de entrar en una época incomparable en la historia de Panamá. En el país donde un pasatiempo nacional es hablar de todo lo malo, la verdad es que hay demasiadas cosas positivas pasando como para ignorarlas.

Se conjugan al mismo tiempo:

A) Nuestro eterno e incomparable patrimonio geográfico mezclado con una democracia estable.

B) El trabajo de muchas generaciones anteriores que nos llevan a la total soberanía del territorio, posesión del Canal y ahora su próxima ampliación.

C) Los cambios demográficos causados por la generación de los jubilados (baby boomers) norteamericanos y su migración a lugares de más bajo costo de vida.

D) La nueva riqueza de España, las no muchas oportunidades para hacer cosas nuevas en Europa y los altos costos de construcción y de retiro allá también.

E) El ascenso a superpotencia económica de China y el aumento sin precedentes en el comercio entre el este del Asia y Estados Unidos.

F) La relativa seguridad y paz de Panamá. ¿Dónde se ha visto un país donde los judíos son amigos y hasta socios de los árabes? Algo le tenemos que enseñar al mundo en este aspecto.

G) El papel neutral y de mediador que Panamá ha estado ejerciendo en la región y que ahora desemboca en la escogencia como miembro, por consenso, del Consejo de Seguridad de la ONU.

H) Una madura economía de servicios (Canal, puertos, Zona Libre) con 100 años de uso del dólar y el sólido sistema bancario.

I) Conflictos ideológicos en otras áreas de la región que desvían inversiones hacia Panamá, dinero que antes se iba principalmente a Miami.

J) Las fuertes medidas de seguridad en los aeropuertos de Estados Unidos y la dificultad de obtener visas para los latinoamericanos así como el surgimiento del hub de Panamá como centro de distribución de pasajeros y carga.

K) Las excelentes leyes de incentivos para retirados extranjeros y el estupendo servicio brindado por abogados para la instalación de empresas de inversionistas y estos jubilados.

L) Inversiones extranjeras y alta reinversión de las ganancias de la Zona Libre en el mercado de bienes raíces. Próximamente en refinerías.

M) Una nueva generación de empresarios y gobernantes que creen en el país.

N) Un resurgimiento, todavía tibio pero in crescendo de la vida cultural y las artes. ¿Y qué decir de Irving Saladino y el inmortal Roberto Durán?

O) Y como resultado de todo lo anterior, un renacimiento del orgullo, esta vez con bases más sólidas, de ser panameño.

No se equivoquen

Todo esto está convirtiéndonos en un país cada vez más respetado, importante y visto como tierra de oportunidades. A pesar de nuestro tamaño. Estamos en el umbral de un nuevo Panamá, que dentro de poco no reconoceremos.

Solo hablen con algunos ex zonians, para que les digan que no pueden creer lo que está pasando aquí. Elecciones limpias, éxito total en la administración del Canal (sobre lo cual nos habían pronosticado un rotundo fracaso), nuevos puertos, boom en Boquete y las tierras altas, desarrollos en las playas, para ni hablar de la bellísima ciudad capital, sin duda la más moderna de Centroamérica y del área.

Otro ejemplo. Cuando se hizo la oferta de acciones de Copa Airlines en el mercado internacional, una de las cosas que más impresionó a los propios ejecutivos panameños de esa empresa, es que ningún inversionista extranjero, nunca, habló de "riesgo país"… palabrita que en el pasado nos costaba dos o tres puntos más en los intereses.

Hemos terminado la larga lucha canalera. La ACP, 100% panameña, es una entidad comprobadamente transparente y orgullo del país en la comunidad internacional. El tema del Canal se convertirá ahora, como debe ser, en algo puramente estratégico y de beneficios. El Canal y la ruta por Panamá son nuestro petróleo. Así de sencillo. Pero hay que asegurarse que los frutos que entrega anualmente la ACP, sean justamente invertidos y que su efecto se distribuya para todos.

¿Recuerdan cuando Panamá era una mala palabra? Una vez en 1999, un taxista en Houston al cual le dije que era panameño, aún 10 años después de la invasión, todavía me dijo: Ahhh… Panama... ¡Noriega! ese fue todo el comentario. Tierra trágame… ciertamente la imagen del machete fue indeleble.

Pero ahora los taxistas de Nueva York te hablan con aire de total conocimiento del wider Canal.

Así pues, al igual que durante La Conquista y después en 1903, Panamá está de vuelta en el centro de la acción… pero con la inmensa diferencia de que ahora sí es totalmente de los panameños. De vuelta, pero al futuro.

Ya se acabó lo que antes se entendía como "la línea de la embajada". Es un cambio positivo, tanto para Estados Unidos como para nosotros. Somos socios comerciales y excelentes amigos.

El hecho de poder tomar decisiones cruciales como las que se toman a diario en el Canal y que influyen directamente en la economía de muchos países y de grandes empresas, es un importante privilegio y a la vez una gran responsabilidad. Otro ejemplo es la nueva misión que tenemos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En general, muy buen trabajo internacional. Pareciera también que ya es hora de hacer algo definitivo con China, la nueva de facto superpotencia comercial.

Pero en todo este camino todavía hay muchas cosas que arreglar y una sociedad más justa que crear. Esta es la misión fundamental si queremos mejorar de verdad. Hay que revolucionar la educación y mejorar el sistema de justicia, creando nuevas oportunidades para nuestra propia gente.

Estoy muy optimista sobre el futuro. Pero reflexiono así para la juventud: olvídense de esperar el maná del cielo, ni que éste ni ningún gobierno futuro les va a arreglar sus problemas, ni mucho menos esperar la providencial "toalla". La única manera de salir de la pobreza es por su esfuerzo propio, con disciplina y dedicación.

¿Recuerdan también cuando My Name is Panama era una especie de mal chiste entre nosotros mismos? Pues ya es hora de empezar a hablar bien de nuestro propio país. Se lo merece. Hay que acabar con el odioso pasatiempo de solo hablar de lo malo.

Así que… ¿My Name is Panama?… ¡Seguro que sí… ¡y que viva Panamá!